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América Economia, 21st September 2000. Issue No. 192

El club más exclusivo del mundo
Margi Moss, Oshkosh

Las estadísticas dicen que el aeropuerto con más tráfico aéreo del mundo es el de Atlanta, Georgia. Pero a comienzos de agosto gana lejos el aeródromo de Oshkosh, Wisconsin.

Esta provinciana ciudad del medio oeste de EE.UU. es la sede de AirVenture, la cita anual de la Asociación de Aeronaves Experimentales, el mayor show aéreo del planeta. Unas 12.000 aeronaves descienden sobre Oshkosh en esos días, 1.500 aviones más que toda la flota aérea brasileña, que es la segunda en tamaño del mundo después de la de EE.UU. Las aeronaves que aterrizan sin cesar día y noche en Oshkosh -a veces tres aviones al mismo tiempo en la misma pista-- son en su gran mayoría monomotores o bimotores livianos, y las grandes estrellas son los aviones hechos en casa.

Mi esposo Gerard y yo aterrizamos en Romeo, nuestro monomotor brasileño Sertanejo que nos trae en un vuelo de 8.000 kilómetros desde Rio de Janeiro. Y venimos por un motivo especial: el primer encuentro de pilotos que han dado la vuelta al mundo conduciendo aviones livianos. La lista de estos hombres y mujeres, conocidos como "Earthrounders" es corta, y un buen número de ellos ha acudido a la cita desde Australia, Europa y las Américas. La idea de la reunión de Oshkosh pertenece al austríaco Hans Gutmann, un profesor de carpintería que se armó su propio avión con el que dio la vuelta al mundo, y de Claude Meunier, un piloto franco-australiano. Oshkosh, la meca de la aviación ligera, era el lugar perfecto para el primer encuentro.

Gutmann ha anunciado que la segunda reunión se hará en Viena en junio del 2001, conmemorando los 100 años del Club Aéreo Austríaco. "Bueno, es el centenario de las ganas de volar de los austríacos", se ríe: hace 100 años el avión no se había inventado.

"EARTHROUNDERS" LATINOS. Romeo, nuestro avión, es el único representante sudamericano en este club, que en realidad es más una fraternidad internacional. No hay que llenar formularios ni elevar solicitudes para ser socio: basta con haber hecho una circunnavegación aérea de 23.000 millas, una circunferencia equivalente a la de los trópicos.

En 1989, Gerard vendió su empresa de cortretaje naviero, yo renuncié a mi trabajo y partimos de Rio de Janeiro a dar la vuelta al mundo. "Se me hizo viva la frase de Saint Exupery", recuerda Gerard, "de que el avión ha hecho posible que el hombre vea el verdadero rostro de la Tierra".

Contrariamente a lo que se podría pensar, casi no hay "Earthrounders" que sean o hayan sido pilotos comerciales. Generalmente se trata de ejecutivos o empresarios que vuelan como hobby. Entre los "Earthrounders" reunidos en Oshkosh está Patricio Milmo, un empresario mexicano que tiene el honor de haber hecho el más antiguo viaje alrededor del mundo entre todos los presentes en la reunión. Milmo, que aprendió a pilotear a los 16 años, partió en un Piper Twin Comanche bimotor junto a su copiloto Jesús Delgado -hoy fallecido-en 1971. La circunnavegación les tomó 75 días, recuerda, y cuenta que cuando aterrizaron en la isla de Suva, en Fiji, una gran multitud los esperaba jubilosa. Les sorprendió esta entusiasta bienvenida, pero al rato descubrieron que todo era un error: los habían confundido con Elgen Long, un estadounidense que por esos días debía completar en Suva una circunnavegación polar.

El aventurero Milmo, que abandonó sus estudios de leyes para dedicarse a piloto fumigador en la zona de Monterrey y terminó construyendo un rentable negocio de la fumigación aérea, no es sin embargo el primer latinoamericano en dar la vuelta al mundo en un avión liviano. Ese honor le corresponde a otros dos empresarios regiomontanos, Manuel Arango y Héctor Ramírez, que hicieron la circunnavegación en 1967.

Y los únicos latinoamericanos que participaron en la primera carrera alrededor del mundo en aviones livianos, realizada en 1992, fueron dos guatemaltecos: el banquero Federico Bauer y el empresario retirado René Abdo. "Lo hicimos por el amor de volar", recuerda entusiasmado Abdo al contar el viaje en un Aerostar bimotor que bautizaron Maya One. "No teníamos intención de ganar la carrera, sólo queríamos ver el mundo". En 1994, el ingeniero químico salvadoreño Eduardo Nixon también llegó a ser parte de la confraternidad al despegar de San Salvador en un monomotor Bonanza. Su vuelo, junto al piloto alemán hoy fallecido Peter Weidmann, tardó 35 días.

CAMPEONES. Desde 1924, año en que dos aviones financiados por el gobierno estadounidense completaron la primera vuelta al mundo, sólo han quedado registrados 150 vuelos de este tipo, y el 80% de ellos se realizó en los últimos 25 años. No extraña entonces que haya tantos campeones en la reunión de Oshkosh. Ahí está el estadounidense Don Taylor, hoy de 81 años, quien en 1976 fue el primero en volar alrededor del mundo en un avión construido en casa. Y ese otro estadounidense, Dick Rutan, piloto del notable Voyager, diseñado para hacer en 1986 la primera circunnavegación non-stop sin recarga de combustible. También están presentes la aviadora australiana Gaby Kennard, que dio la vuelta al mundo sola en 1989; el portugués Antonio Faria e Melo, que pilotea en silla de ruedas e hizo la circunnavegación en 1995; y el alemán Horst Ellenberger, quien sobrevivió una caída de su avión en pleno Océano Pacífico en su primer intento de dar la vuelta al mundo en 1997.

PILOTOS LATINOS

Sin embargo, si hace medio siglo los problemas para dar la vuelta al mundo en avión estaban en la fragilidad de las aeronaves y la escasez de aeropuertos donde reabastecerse de combustible, en estos días suele haber más complicaciones por culpa de la burocracia.

Otro mexicano, el desarrollador de construcción de Ciudad de México Jorge Cornish, ha llegado a la cita de Oshkosh con su esposa Malú y cuenta la historia de su viaje. En 1997, él y su copiloto Alfredo Dehmlow despegaron de Toluca, México, en un monomotor Mooney bautizado como Aguila Negra. Su vuelta al mundo tuvo problemas en la India. Al llegar a Calcuta, ambos fueron detenidos e interrogados separadamente por agentes de Inteligencia, quienes después de tres horas de interrogatorio finalmente les hicieron la pregunta salvadora: "Ah, ¿o sea que ustedes son turistas en nuestro país?". Después de eso tuvieron que pasar por dos horas más de trámites y papeleos, pero al llegar a su avión los guardias que custodiaban la nave tampoco los quería dejar despegar. Horas después se resolvió el lío y decidieron irse directo a Tailandia en vez de recorrer otros sitios de la India.

AVENTURAS INESPERADAS. Pero esa no fue la mayor dificultad. Estaban en Isla de Pascua con la intención de volar directo a Lima, y habían enviado innumerables telexes y faxes a las autoridades aeronáuticas peruanas, cuenta. A mitad de camino hacia la capital peruana, recibieron un mensaje radial que les decía que no tenían autorización para aterrizar en Perú y les advertía que no entraran en espacio aéreo peruano. Cornish y Dehmlow se miraron incrédulos. Estaban adentrados 1.500 kilómetros en el mar y no había lugares de aterrizaje alternativos. Tuvieron que agregar otros 500 kilómetros potencialmente fatales a su itinerario y enfilaron hacia Arica, en el norte de Chile, donde llegaron gracias a que llevaban viento de cola.

El viaje de Cornish y Dehmlow alrededor del mundo tardó 54 días. El nuestro llegó a 980 días: más de 2 años y 8 meses en dar la vuelta al mundo en avión. Sí, es cierto, habría sido más rápido ir caminando. Pero también visitamos 50 países en nuestro viaje, lo que nos convierte en los "Earthrounders" que más naciones visitaron en su vuelta al mundo. Llegar a tantos lugares también nos dio nuestra cuota de anécdotas. En Guinea-Bissau, el furioso comandante del aeropuerto militar de Gabu nos detuvo despues que aterrizáramos allí contra nuestra voluntad. En Mali, el Gobernador del Estado nos comandó que lo lleváramos en nuestro avión fuera de Timbuctú. Mientras sobrevolábamos Malawi, un controlador aéreo nos dijo que nos iba a arrestar por sobrevolar el país sin permiso, aunque cómo iba a realizar el arresto era un misterio porque Malawi no tiene Fuerza Aérea. Los tailandeses nos amenazaron con interceptar nuestro avión con aviones de guerra, forzándonos de regreso a la India. Los indonesios nos confundieron con agentes de la CIA y los australianos con narcotraficantes. En Samoa Occidental, un huracán destruyó el 80% de las casas de la isla y casi se lleva nuestro avión.

Completamos además el primer viaje a través del Pacífico en un avión ligero desde Australia a Sudamérica, incluyendo 3.600 kilómetros de desolado océano entre Isla de Pascua y Santiago. En Puerto Montt, un piloto chileno que vio que nuestra nave era brasileña nos preguntó por dónde habíamos atravesado los Andes. Cuando le dijimos que habíamos llegado de Australia creyó que le estábamos tomando el pelo.

Cada "Earthrounder" tiene una historia diferente y todos están llenos de anécdotas en la reunión de Oshkosh. Pero todos concordamos con lo que dice el mexicano Jorge Cornish. "Por muy grandes que sean las distancias que separan a los pueblos y por grandes que sean las barreras burocráticas", enfatiza, "volar en un avión privado te permite un acercamiento a lugares y personas a las que de otra manera nunca hubieras podido llegar".


This text is reproduced with the permission of América Economia, published twice a month in Santiago, Chile and distributed throughout Latin America. It also appears in Portuguese in Brazil. www.americaeconomia.com

 

Last update: December 14, 2006
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